CRISTIANISMO Y REALIDAD LATINOAMERICANA
POR CARLOS ELEACYN CORTES PEREZ
Correo: carelcor2003@yahoo.com
BARRANQUILLA COLOMBIA
Por favor leamos Lucas 4: 16-21, Juan 8: 31-8, 2 Pedro
2: 19.
Si analizamos los problemas latentes de Latinoamérica
están los siguientes: hambre ,desempleo subempleo,
bajos e insuficientes salarios, falta de viviendas
adecuadas, mortalidad infantil, carencia de buena
asistencia medica hospitalaria y farmacéutica, el
hacinamiento infrahumano en las zonas urbanas, la
violencia, la violación de los derechos humanos, la
inflación, la dependencia, los abusos de poder, el
analfabetismo, los obstáculos para ingresar a las
universidades, el alcoholismo, la drogadicción, el
juego, los grupos económicos interesados en la
explotación inescrupulosa a expensas de las mayorÃas
populares, la simonÃa de muchos grupos religiosos, y
otros pecados sociales que constituyen una ofensa a
Dios, siendo que América latina se autodenomina
cristiana.
Las causas de gran parte estos males se origina en la
corrupción económica, social polÃtica y religiosa,
pueden haber otras causas, pero es indudable que por
dicha corrupción en estas estructuras de poder que
están a espaldas de Dios . Es lógico que los
responsables de los males latinoamericanos no
solamente son estas estructuras. Seria fácil demagogia
acusar a los regÃmenes de opresión y omitir los
pecados del pueblo recuerden lo que Dios dice en su
palabra: no hay justo ni aun uno….( romanos
3:10-12).
Un falso planteo de la realidad latinoamericana podrÃa
llevarnos a pensar que la culpa la tiene la
organización socioeconómica predominante, en el
capitalismo internacional y en algún emisario
ocasional, mientras que los pobres son vÃctimas de
ellos, sin embargo sin ignorar ese contexto de
opresión la Biblia dice que todos son pecadores y
necesitan arrepentirse Lucas 13: 1-5. El pecado no es
un término teológico, ni una palabra exclusiva del
léxico polÃtico sino una realidad tanto personal como
colectiva. La Biblia enseña que toda la raza humana
tanto ricos como pobres, somos culpables ante Dios.
Por eso el pecado de América latina es el pecado de
todo el pueblo latinoamericano y de cada persona en
particular, de cualquier condición social. Si el
evangelio es voz de juicio y de llamado de
arrepentimiento para los explotadores, opresores y
privilegiados al mismo modo es el llamado a los
oprimidos explotados y marginados sus pecados son
diferentes pero todos deben arrepentirse y cambiar de
proceder.
Pero el reconocimiento de esta verdad bÃblica no nos
autoriza a cerrar nuestros ojos ante la tragedia de
América latina. Los profetas, los apóstoles y otros
enviados de Dios denunciaron la injusticia. Si Hombres
como IsaÃas, jeremÃas, miqueas amos, Santiago, Pablo,
etc. vivieran en nuestros tiempos no vacilarÃan en
denunciar el padecimiento latinoamericano. Aquà hay
niños arrastrándose en el suelo como gusanos, para
pedir limosna. Aquà hay personas que desean trabajar y
no consiguen un empleo estable y los que trabajan
hacen el oficio de 2 o 3 empleados para ganar un
salario insuficiente, cuyos hijos tendrán que crecer
sin educación ni higiene, bebiendo aguas contaminadas
, expuestos a las enfermedades propias de la
desnutrición, torturados por la miseria, obligados a
migraciones sin rumbo, sometido a vejámenes y
condenados, tal vez a morir prematuramente. Hay
ancianos desamparados que carecen de techo y vagan por
las calles casi siempre mentalmente deteriorados,
hasta que alguien encuentra sus anónimos cadáveres.
Millones de latinoamericanos insisto son vÃctimas de
la escasez de alimentos. La falta de proteÃnas suela
causar años irreparables en el cerebro de los niños
puede llevarlos a una vida de retraso psicológico y
psÃquico. Hay también delincuentes traficantes de
drogas y tratantes de blancas, usureros de guante
blanco y estafadores que viven en mansiones recibiendo
continuas demostraciones de aprecio, maestros del
soborno y de la mentira, ladrones de sangre azul y
asesinos ilustres. La deshonestidad puede encontrarse
en todos los cÃrculos y a cualquier nivel. La simonÃa
e hipocresÃa de muchos miembros de las iglesias
católicas, evangélicas y de otras sectas religiosas.
La envidia, el rencor, la calumnia, el odio son
comunes. El crimen es cosa de todos los dÃas. El agio
la especulación con su cortejo de maniobras ilegales,
pertenecen a la rutina cotidiana. La corrupción y los
vicios han agrietado todas las estructuras de la
sociedad, amenazando por igual a los opresores y
oprimidos. Hay matrimonios deshechos, familias
destrozadas y hogares simulados cuya aparente
estabilidad es fruto de la conveniencia e hipocresÃa.
Hay desorientación, ansiedad temor, y una evidente
incapacidad de reconocer la realidad.
En este oscuro contexto latinoamericano, surge un
impetuoso clamor de millones de personas. Es una
protesta creciente, cada vez más amenazante, que en
muchas regiones ha adquirido formas de peligrosa
violencia como en mi paÃs: Colombia. De ninguna manera
justifico la violencia, venga de donde venga. Pero
esos estallidos que estremecen a Latinoamérica son las
erupciones de un volcán que contiene temibles
presiones. Las explosiones revolucionarias, los
extremos reaccionarios, las guerrillas y otras
manifestaciones de violencia, son vÃctimas de una
crisis que no pude ser ignorada. El hombre
latinoamericano tiene sed de justicia esta buscando
desesperadamente una salida, aun a riesgo de destruir
a su propio mundo. Lamentablemente, en su sed de
justicia no hay suficiente evidencia de una sed de
Dios.
América latina nominalmente es cristiana y católica
pero en verdad es crecientemente pagana. Es obvio que
el continente conserva visibles estructuras
religiosas, tradiciones instituciones y otras formas
aparentemente católicas. Pero la influencia cristiana
es casi imperceptible porque a causa de de sus
limitaciones, el pueblo latinoamericano se inclina mas
a actitudes materialistas y hedonistas que
espirituales. La iglesia católica romana es un factor
de poder, aunque en su seno hay muchos miembros
devotos pero, la mayorÃa de los gobernantes y muchos
lÃderes polÃticos de diverso signo quieren hacer
alianzas estratégicas por conveniencia. Por parecidas
razones es casi imposible descubrir un trasfondo
verdaderamente cristiano en múltiples movimientos de
liberación latinoamericanos, pese a los grandes
esfuerzos de no pocos teólogos. Por eso cogen mas
fuerza los mesianismos seculares como el comunismo, el
neo-socialismo, la teologÃa de la liberación, etc. como
movimiento ideológico en estos procesos
revolucionarios. Por eso los teólogos del cambio
social radical, los gestores del desarrollo
latinoamericano, han debido adoptar han adoptado en
parte algunos aspectos del la cosmovisión marxista
llegando a usar el mismo léxico. Asà el lenguaje de
nuestra fe cristiana quede disuelto en el lenguaje de
las ciencias polÃticas, asà se pierde el sentido
trascendental de nuestra salvación se hace incierto el
mensaje de la iglesia y se expone a perder su
identidad.
Repito que el Hombre latinoamericano tiene sed de
justicia y esta buscando desesperadamente una salida y
corre el riesgo de destruir su entorno.
Lamentablemente insisto, en su justificada sede de
justicia no hay suficiente evidencia de una sede de
Dios. Al olvidar este Dios de amor y de justicia, al
único y verdadero Dios, el Hombre latinoamericano
ignora su condición de pecado y por ello desconoce la
posibilidad de su salvación en Cristo. Imagina la
salvación como resultado de la lucha revolucionaria,
pero no la concibe como obra de Dios.
Por eso un resumen de el Cristianismo BÃblico
demandarÃa mucho más tiempo que el tiempo del presente
estudio. No podemos limitarnos a interpretar la Biblia
solamente por la hermenéutica de la liberación, pero
tenemos que reconocer que no hemos reflexionado
suficientemente sobre la realidad latinoamericana,
particularmente en el pasado. Esta circunstancia nos
expone hoy al serio peligro de la infiltración
ideológica. Nos guste o no nos guste los miembros de
nuestra iglesia cristiana están inevitablemente
metidos en la realidad polÃtica y económica del
continente latinoamericano. Nuestra fe cristiana no es
in secreto de iglesia ni un asunto privado. Debemos
vivirla en el contexto con que estamos relacionados
cotidianamente, que influye en nosotros y que recibe
nuestra influencia. La iglesia es un grupo social y
visible y no una comunidad esotérica que se reúne en
recintos ocultos. Por eso la iglesia tiene un
compromiso ético.
La Iglesia de Cristo vive el aquà y el ahora, no
meramente en el pasado de los tiempos bÃblicos o en el
futuro de su expectativa escatológica. Y aquà y ahora
el pueblo de Dios debe ser la luz del mundo y sal de
la tierra, aunque algunos de los profetas termine su
vida con la cabeza en una bandejas como termino la
vida de Juan el bautista, asà que hermanos, la fe sin
obras esta muerta Santiago 2 :26 las obras son el
fruto de la fe y nosotros como hijos de Dios debemos
restaurar el entorno que en la caÃda del Hombre en
complicidad de Satanás se destruyo, por eso te animo a
que repitas conmigo la siguiente oración:
Señor fortaléceme cada DÃa mas y hazme cada dÃa un
hacedor de tu palabra y no un oidor mas y hazme un
instrumento de cambio en mi entorno, te lo pido en el
nombre de Jesucristo. amen